28 ene 2010

LONDRES. 28 DE ENERO DE 2010.

Todo le daba vueltas a Emm cuando despertó, había mucha luz, le costó abrir los ojos bastante, cuando lo logró vio por la ventana que fuera estaba nublado, y la tele encendida puesta en silencio. Estaba tendida en el sofá de su casa. Se levantó con esfuerzo,apagó la televisión y vio la hora, casi las 2 del mediodía, del día 27. La cabeza le dolía y se sentía mareada, cuando empezó a recordar, rápidamente fue al baño, busco por su cuerpo signos de violencia, agujas o cualquier otro rasgo que le indicara que no había sido todo un sueño, no encontró nada, pero recordó que había dejado la nota sobre la cómoda, ya no estaba allí, en su lugar había otra: “olvídalo todo”. Era suficiente para confirmarle que todo lo que había vivido estos últimos días no había sido un sueño, así que decidió llamar al lugar donde había estado el día anterior.


Encendió el PC para  buscar en la guía el teléfono del local, para su sorpresa no encontró nada, pero antes de desistir miró el correo. Tan solo tenía uno nuevo desde una dirección que no conocía, normalmente la chica estos los borraba, pero tal cual estaban las cosas, no podía enviar a la papelera un correo “sin asunto”. Lo abrió, en el solo le advertía de que lo olvidara todo, era peligroso, y estaba firmado con una “A”. Pensó en llamar a la policía, no la creerían, además Albert le había advertido que nada de policía. Esa misma tarde Emm recorrió el mismo trayecto que 24h antes ya había recorrido, mucha gente del metro le era familiar ya, solo los había visto el día anterior, pero era como si todos la observaran, aunque estaba pálida por la tensión de los acontecimientos, no comprendía el por qué de esta situación.


Al llegar a Farringdon salió y giro a la derecha, de nuevo como el día anterior, el semáforo volvía a estar rojo y el andamio no se había movido. Pero si el local. Estaba abandonado, se acercó a la puerta donde había un cartel de se alquila. Con las manos cubrió la claridad que la rodeaba y miro hacia dentro, el local tal como recordaba no existía, las sillas estaban volcadas, faltaban mesas, la pintura desconchada, todo lleno de polvo, apenas botellas quedaban en los estantes, cristales por el suelo, solo había una pequeña lámpara que alumbraba a 3 o 4 personas que estaban al fondo. Aporreó la puerta.


Los hombres del fondo se giraron, uno de ellos se levantó para dirigirse hacia la puerta. Emm se mantuvo allí firme aunque sus pies casi se movían solos intentando alejarla de allí. Cuando se abrió la puerta, creyó reconocer al hombre robusto que había atendido a Albert cuando llevó el maletín. Vestía con jersey de lana de cuello alto negro, vaqueros y zapatos negros, era casi calvo y tenía rasgos de irlandés. – Vete! Emm se giró sobre sí misma y comenzó a andar, oyó la puerta tras de sí, pocos pasos después volvió sobre sus talones aporreo la puerta y marcó el teléfono de la policía, el hombre volvió a abrir con una mano tras la espalda, algo que a ella no le dio buenas vibraciones, pero teniendo en cuenta la hora y la gente que transitaba en esos momentos  se armó de valor y afirmó: -dime donde esta Albert, o llamo a la policía-. La miro a ella, luego a los lados, le hizo un gesto para que entrara pero ella se mantuvo quieta.-Nosotros somos la policía– y le enseño una placa. Emm entró.