26 ene 2010

LONDRES. 26 DE ENERO DE 2010.

 Apenas salió de la estación de Farringdon, Emm cogió el móvil y marcó el numero que había en la nota. Escuchó la voz de un contestador automático: “Farringdon rd. 41-43”. La chica giró a la izquierda en dirección a esa calle. Desde la esquina pudo ver un andamio que tapaba los números de la acera de enfrente, así que cruzó. El sitio era un pintoresco local latino, el cha-cha-chá sonaba dentro aunque solo había una camarera en la barra. El piso inferior estaba cerrado.


 Emm tomo aire y abrió la puerta, la camarera la miro, señaló escaleras abajo y ella asintió. Mientras bajaba las escaleras su reloj pitó, le indicaban que en ese preciso momento eran las 5 de la tarde, la puerta del piso superior volvió a abrirse asustando a la joven, para dejar paso a un grupo de ejecutivos de la zona, aunque era martes, celebraban el ascenso de uno de sus compañeros.


 El piso de abajo, no distaba mucho en decoración del otro, un estrecho pasillo a la izquierda para personal y los baños, al frente una puerta insonorizada que daba paso a la parte de pub que muchos de los locales londinenses tienen. Había una pequeña ventana redondeada en ella por la que la joven miró. Al fondo otra barra apenas sin luz y solo una figura en el interior. Abrió. Alguien la tomó por detrás y le llevo un pañuelo a la nariz y boca, intentó zafarse, pero acabo desmayada en brazos de la persona que tenia detrás.