29 ene 2010

LONDRES. 29 DE ENERO DE 2010.


Nada de lo que había pasado hasta ahora parecía encajar en la mente de Emm, policía, desapariciones, drogas somníferas, todo parecía una novela policial sacada de algún libro de la biblioteca central y llevada a la realidad para que ella la viviera.

Cuando había entrado en el local, los hombres habían andado hacia las partes cercanas más oscuras del lugar, no querían que los reconociera. Uno de ellos se había marchado rápidamente por la puerta de servicio hacia la planta baja cuando ella había entrado. Bart, como se había presentado el hombre que la había hecho pasar, y el único del que sabía algo, aunque solo fuera el nombre, estaba sentado en la mesa frente a ella. Había estado haciéndole preguntas sobre Albert, algo que ella no alcanzaba a comprender muy bien, preguntas referentes a como, cuando y donde se conocieron, si sabía algo de su vida anterior, etc.

A pesar de que tan solo se conocían 2 semanas cumplía esa noche, para ella era como si hubiera pasado toda una vida. Se conocieron un viernes y hasta la tarde del domingo habían estado juntos. Sin embargo, cuando el hombre comenzó a preguntar se dio cuenta de que esas 48 horas juntos no habían hablado más que de tonterías, habían comenzado ya a montar sus planes de vida, como si fueran a casarse y todo, hasta que desapareció. Acabo el fin de semana y no volvió a saber de él, no atendía las llamadas, no respondía los e-mails ni mensajes, hasta que se presentó de nuevo en su casa no volvió a saber de él. Y después, esto.

Tras el interrogatorio de varias horas, Emm exigió una explicación de por qué todo aquello, uno de los hombres entre sombras se rió. La cara de suspense de ella aumentaba por momentos, la tensión se podía otra en el ambiente, pero nadie decía nada, hasta que finalmente el hombre que había tosido, se acercó a la luz y encendiendo un cigarrillo, se presentó como Jaques Borrout, de los servicios secretos de la Interpol. Brevemente le explicó que la Interpol y Scotland Yard estaban investigando varios robos en diferentes bancos de Suiza, Alemania, Francia e Inglaterra, y que Albert estaba implicado en este caso. No hizo ninguna mención más hasta que ella finalmente y entre balbuceos consiguió articular el nombre del chico. El primero de los hombres, que había salido de la estancia al entrar ella volvió a escena interrumpiendo el momento, esta vez por la puerta de la calle, debía haber salido por alguna salida de emergencia o algo similar. Traía consigo un par de bolsas de plástico que sobresalían de las largas mangas de la gabardina que llevaba. Fuera estaba lloviendo, se quitó el sombrero y dejo ver a la luz que entraba de las farolas, una melena de pelo rubio. Emm miró el reloj del inspector francés y vio que eran las 5 e la mañana. Mientras, se acercó a la mesa, y comenzó a sacar sándwiches y café caliente para los presentes, miró a la chica de reojo, algo le era familiar de él, aunque no sabía el qué.

Después del desayuno, Cameron, el policía rubio que había llevado los sándwiches, invitó a Emm a llevarla a casa, ella accedió. Salieron del lugar en dirección al vehículo. Giraron la esquina a la derecha, en la calle Greenville, hacia un parking cercano que había, pasaron por delante de numerosas joyerías de esa calle hasta llegar al coche. Un focus del 2002, de color negro. Al subir en el asiento del copiloto la chica se quedo asombrada al ver la cantidad de aparatos que allí había: la radio, la sirena, el GPS, un radar, sistemas de localización, etc.
Le indicó la dirección al chico, que apenas superaría los 32 años y se durmió.

28 ene 2010

LONDRES. 28 DE ENERO DE 2010.

Todo le daba vueltas a Emm cuando despertó, había mucha luz, le costó abrir los ojos bastante, cuando lo logró vio por la ventana que fuera estaba nublado, y la tele encendida puesta en silencio. Estaba tendida en el sofá de su casa. Se levantó con esfuerzo,apagó la televisión y vio la hora, casi las 2 del mediodía, del día 27. La cabeza le dolía y se sentía mareada, cuando empezó a recordar, rápidamente fue al baño, busco por su cuerpo signos de violencia, agujas o cualquier otro rasgo que le indicara que no había sido todo un sueño, no encontró nada, pero recordó que había dejado la nota sobre la cómoda, ya no estaba allí, en su lugar había otra: “olvídalo todo”. Era suficiente para confirmarle que todo lo que había vivido estos últimos días no había sido un sueño, así que decidió llamar al lugar donde había estado el día anterior.


Encendió el PC para  buscar en la guía el teléfono del local, para su sorpresa no encontró nada, pero antes de desistir miró el correo. Tan solo tenía uno nuevo desde una dirección que no conocía, normalmente la chica estos los borraba, pero tal cual estaban las cosas, no podía enviar a la papelera un correo “sin asunto”. Lo abrió, en el solo le advertía de que lo olvidara todo, era peligroso, y estaba firmado con una “A”. Pensó en llamar a la policía, no la creerían, además Albert le había advertido que nada de policía. Esa misma tarde Emm recorrió el mismo trayecto que 24h antes ya había recorrido, mucha gente del metro le era familiar ya, solo los había visto el día anterior, pero era como si todos la observaran, aunque estaba pálida por la tensión de los acontecimientos, no comprendía el por qué de esta situación.


Al llegar a Farringdon salió y giro a la derecha, de nuevo como el día anterior, el semáforo volvía a estar rojo y el andamio no se había movido. Pero si el local. Estaba abandonado, se acercó a la puerta donde había un cartel de se alquila. Con las manos cubrió la claridad que la rodeaba y miro hacia dentro, el local tal como recordaba no existía, las sillas estaban volcadas, faltaban mesas, la pintura desconchada, todo lleno de polvo, apenas botellas quedaban en los estantes, cristales por el suelo, solo había una pequeña lámpara que alumbraba a 3 o 4 personas que estaban al fondo. Aporreó la puerta.


Los hombres del fondo se giraron, uno de ellos se levantó para dirigirse hacia la puerta. Emm se mantuvo allí firme aunque sus pies casi se movían solos intentando alejarla de allí. Cuando se abrió la puerta, creyó reconocer al hombre robusto que había atendido a Albert cuando llevó el maletín. Vestía con jersey de lana de cuello alto negro, vaqueros y zapatos negros, era casi calvo y tenía rasgos de irlandés. – Vete! Emm se giró sobre sí misma y comenzó a andar, oyó la puerta tras de sí, pocos pasos después volvió sobre sus talones aporreo la puerta y marcó el teléfono de la policía, el hombre volvió a abrir con una mano tras la espalda, algo que a ella no le dio buenas vibraciones, pero teniendo en cuenta la hora y la gente que transitaba en esos momentos  se armó de valor y afirmó: -dime donde esta Albert, o llamo a la policía-. La miro a ella, luego a los lados, le hizo un gesto para que entrara pero ella se mantuvo quieta.-Nosotros somos la policía– y le enseño una placa. Emm entró.




26 ene 2010

LONDRES. 26 DE ENERO DE 2010.

 Apenas salió de la estación de Farringdon, Emm cogió el móvil y marcó el numero que había en la nota. Escuchó la voz de un contestador automático: “Farringdon rd. 41-43”. La chica giró a la izquierda en dirección a esa calle. Desde la esquina pudo ver un andamio que tapaba los números de la acera de enfrente, así que cruzó. El sitio era un pintoresco local latino, el cha-cha-chá sonaba dentro aunque solo había una camarera en la barra. El piso inferior estaba cerrado.


 Emm tomo aire y abrió la puerta, la camarera la miro, señaló escaleras abajo y ella asintió. Mientras bajaba las escaleras su reloj pitó, le indicaban que en ese preciso momento eran las 5 de la tarde, la puerta del piso superior volvió a abrirse asustando a la joven, para dejar paso a un grupo de ejecutivos de la zona, aunque era martes, celebraban el ascenso de uno de sus compañeros.


 El piso de abajo, no distaba mucho en decoración del otro, un estrecho pasillo a la izquierda para personal y los baños, al frente una puerta insonorizada que daba paso a la parte de pub que muchos de los locales londinenses tienen. Había una pequeña ventana redondeada en ella por la que la joven miró. Al fondo otra barra apenas sin luz y solo una figura en el interior. Abrió. Alguien la tomó por detrás y le llevo un pañuelo a la nariz y boca, intentó zafarse, pero acabo desmayada en brazos de la persona que tenia detrás.

25 ene 2010

LONDRES. 25 DE ENERO DE 2010.






 Apenas eran las 8 de la mañana cuando la chica había despertado sola en la cama hacía ya 2 dias. Albert se había ido sin dejas nada mas que una nota escrita apresuradamente en la entrada de la habitación. “But I always get up. Childhood.


 – Buenos días, son las 7:30 de la mañana, la ciudad despierta hoy con 4ª y lluvia, algo bastante habitual para estas fechas, incluso un día… – la mano de Emm cayo como un mazo sobre el despertador y lo apagó. Había estado toda la noche pendiente del ordenador y del teléfono por si Albert se dignaba a dar señales de vida. Nada había sabido de él desde que se durmió hacia ya un par de noches, había ido a su casa, que estaba ya habitada por nuevos inquilinos, como si no hubiera pasado nada, intento preguntar a los vecinos, pero al abrir la puerta y verla todos cerraban rápidamente con cara de pánico. Vistas las espectatívas de no recibir noticias en un  plazo corto, salió de la cama y se acerco a la ventana para ver el tiempo. Tenía correo. Salió sin paraguas a cogerlo, había un post-it dentro del buzón: “Farringdon rd. Farringdon station. 077.6585.0734. Llama a las 17h”.





























23 ene 2010

LONDRES. 23 DE ENERO DE 2010.

Emm despertó empapada de sudor, acababa de tener una pesadilla.


Media hora después cuando comenzaba de nuevo a conciliar el sueño, sonó el teléfono. Era Albert, le pedía que lo acompañara cerca de London bridge, al parecer tenía que entregar unos documentos. Eran cerca de las 2 de la madrugada cuando había sonado el teléfono, lo cogió. Desconfiaba bastante de la voz del muchacho, algo le decía que las cosas no iban bien pero aun así accedió. Tras varios cambios de autobús, bajaron por fin en Elephant & Castle, según Albert era más seguro andar un poco, así que tras callejear por la zona en dirección al puente, le pidió que le esperara en la esquina, mientras él entraba en un callejón con solo un pequeño cartel luminoso azul con forma de flecha indicando unas escaleras bajo él.


Al descender el chico llamó a una pequeña puerta metálica y esperó. Un par de minutos más tarde abrió la puerta un hombre fornido con traje oscuro, miro a ambos lados y vio a la chica mirando hacia ellos – Te dije que vinieras solo- exclamó. – Es mi novia, me ha acercado en coche – reprochó Albert. El hombre se apartó invitándolo a entrar y tras mirar de nuevo a la chica cerró la puerta.


– ¿Tienes lo nuestro? – sin decir nada Albert colocó el maletín que había llevado hasta allí abrazado, sobre la mesa de billar del centro de la sala,  lo abrió saco los papeles que contenía en una carpeta de plástico. Un de los otros 4 hombres que allí estaban sacó un arma y le apuntó, – Espera! no ha venido solo. – Dijo el hombre de la puerta. Cogió a Albert y lo empujo fuera de la estancia, – tendrás noticias mías pronto – comentó con una furtiva mirada, y cerró de un portazo. El chico corrió hasta la esquina, abrazo a la chica y le dijo "corre". Dentro, el hombre que aun sostenía el arma, comento: – con esto, saldremos limpios del juicio señores.


Llegaron a casa, alguien había estado en la propiedad. Emm no comprendía nada. Joseph estaba tendido en el sofá, no lo tocaron. Cogió algunas cosas y ella descolgó el teléfono. – Nada de policía, cariño.

20 ene 2010

LONDRES. 20 DE ENERO DE 2010



Eran las 9 de la noche, el noticiero empezaba y el fuego vivo freia el pescado y las patatas de la cena de Albert.


- ¿Por qué me has hecho esto? ¿ realmente me quieres? ¿Por qué me tratas así? Y como estas, miles de preguntas le cruzaban la mente.- El aguanieve golpeaba su cara, botas altas, vaqueros apretados, abrigo marron, un pañuelo beis al cuello a conjunto con el gorro. Los ojos verdes de la chica miraban fijamente el timbre de la casa victoriana en la calle Queensdale. Llevaba mas de una hora entre metros autobuses y transbordos para llegar al portal, y ahora no se atrevía a entrar. Todo lo que deseo no se cumple, pero sí, lo que no deseo.


Los deportes comenzaban en las noticias mientras algo sonó fuera de la ventana de la cocina, algo que le hizo al chico abrir la ventana y vio el portal, allí estaba ella, mientras un gato gris husmeaba en el contenedor de la puerta, cerca de donde ella estaba.


Se habían conocido en un bar de rock, bastante cerca de picadilly, zona que ambos frecuentaban. Solo un par de miradas les habían bastado para salir juntos del loca y hablar durante horas.


Al verle, ella echó a correr calle abajo en dirección a la estación, el apago el fuego, cogió las llaves y descalzo como iba salió tras ella. Al alcanzarla solo se abrazaron.

18 ene 2010

LONDRES. 18 DE ENERO DE 2010

Casi las 6:00 de la madrugada, el ultimo pub de la zona de Old st. acaba de cerrar. La gente sale a la calle y entre ellos esta Albert. Un joven de 21 años, que vive cerca de la estación de Sherpherd’s Bush, en la calle Queensdale. El metro de Londres, tan ajetreado como cualquier dia laborable acaba de abrir sus puertas, apenas un par de trenes han pasado ya por la estación de Old Street, desde donde Albert se dispone a volver a casa.


Old Street – Bank, Bank – Sherpherd’s, unos diez minutos andado y Albert se pone en busca de las llaves. El trayecto en metro no ha sido del todo agradable, la cuidad no ha empezado a despertar y con ella su actividad diaria, los abarrotados vagones de primeras horas de la mañana: equipos de limpieza que vuelven a casa; estudiantes que van al centro; ejecutivos, y demás “especímenes” que se pueden encontrar en esta ciudad son los que llenan los vagones. Ni un solo asiento libre en todo el trayecto.


En 2 horas tiene que estar de nuevo en la calle, las clases de su día a día británico comienzan a las 9. Tan solo lleva 5 días en Londres, y ya está más o menos acostumbrado a los 0ºC que tiene a estas horas en la cuidad. Su compañero de piso acaba de despertar Joseph entra en 45 minutos a trabajar, y 30 de ellos los invertirá en coger el metro desde la estación hasta su puesto.


Se lava la cara y se tumba en el sofá, pone la tele. La presentadora de euronews esta dando en esos momentos el tiempo, le esperan un par de días grises sin apenas superar los 4º de temperatura. Albert cae dormido.




















Lo siento, no lo he podido resistir.

13 ene 2010







4 ene 2010

Desde la estación







Y allí en la estación, los recuerdos de días y días, de noches infinitas y mañanas en que al abrir los ojos estás tú, las lágrimas caían por las mejillas. Arrepentido de haber “desperdiciado” ese tiempo el joven muchacho, se sentó desolado, al ver el convoy partir, en el primer banco que consiguió distinguir entre las lágrimas, porque solo de pensar que los labios de ella ya no le pertenecían el mundo se le venía abajo, la simple imagen de ella, con otro, aunque no tuviera ni nombre, le había atormentado desde el día que lo supo. En un nuevo año lleno de propósitos y planes para continuar adelante con la vida, de recuerdos que ya pertenecían al pasado, ella estaba más presente que nunca tras cruzar mares y océanos para desearle la mejor de las navidades a aquél muchacho.


Ambos se habían mentido, ambos habían ocultado cosas para no hacerse daño, pero les resultaba más doloroso saber ahora que las cosas habían cambiado, que apenas podían juntarse en un cálido beso como en su anterior despedida atados por un pañuelo verde. El tiempo pasa, la gente viene y va, se rompen y se crean nuevos vínculos que hacen cambiar los planes de un momento a otro, sin esperarlo. Las decisiones más simples, la mayor tontería puede tener una repercusión que jamás imaginemos.


Así es, tren había salido de la estación, y ya apenas se veían las luces de detrás de la fina lluvia que hacia el día perfecto para una dolorosa despedida.


Mientras los demás ferrocarriles llegaban, salian también o esperaban a algún pasajero tardón, los viajeros corrían con sus maletas hacia el tren a Alicante, hacían cola para el de Barcelona o discutían con alguien del personal de renfe, el chico, avanzaba tropezando de vez en cuando con alguien que corría y murmuraba algo así como un lo siento fugaz que rápidamente era tapado por el sonido de alguna de las viejas locomotoras de carbón que hacían ya rugir sus motores avisando de su inminente salida.


“Nos vemos en el mes de Juan

3 ene 2010



"Sans toi, les émotions
d'aujourd hui ne serainent
que la peau morte
des émotions d'autrefois"


                    HIPOLITO