24 mar 2010

LONDRES. 24 DE MARZO DE 2010.

Apenas eran las 5 p.m. en la capital belga, la pista estaba húmeda y el cielo cubierto, casi la misma temperatura que cuando había dejado atrás su ciudad de origen y sin embargo, todo era diferente. Cuando había entrado en el edificio, las grandes estancias techos altos de color metálico y las vigas que lo sustentaban se abrieron ante ella, enseño el pasaporte en numerosas ocasiones, desconfiaba de todos.

Si saber donde ir decidió viajar a la ciudad y buscar algún lugar donde hospedarse, tomo un taxi y se dirigió al centro. Había paseado por el centro un rato con la maleta, esperando alguna señal de Albert, hasta que finalmente llego a la rue Bodenbroekstraat. Entro en un gran hotel de 4 estrellas cercano a una enorme iglesia, pidió una habitación doble y se tumbó en la cama a esperar.