Había una vez, un pequeño dragón. El dragón se llamaba Ramón. Solo tenía 5 meses cando esto pasó, pero ya media casi 2 metros de la cabeza a la cola, tenia pinchos grandes y feos por toda la espalda, y podía escupir, al menos 30 llamaradas de fuego!
En el país de los dragones, cuando estos cumplían 5 meses empezaban a ir a la escuela de vuelo, no aprendían a leer ni escribir, no sabían sumar, allí, solo les enseñaban a volar y a controlar sus llamaradas, porque para poder vivir, tenían que cazar, y para eso, necesitaban volar.
Ramón, llegaba a su primer día a la escuela de vuelo, Roberto, su maestro, les enseño como tenían q poner las alas para volar, como recoger las patas, y Ramón se sabía toda la teoría mejor q nadie, pero no era capaz de alzar el vuelo. Pasaron los días, de sus 23 compañeros, solo quedaban 4 por conseguirlo, entre ellos Ramón, pero se acercaba el final del curso, ya era junio y con él, el examen final. Solo tenían q volar y conseguir unos anillos q colgaban de un águila que vivía cerca de su ciudad, pero Ramón no había conseguido volar.
(…)